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En el marco del Proyecto "Adaptación al cambio climático en comunidades andinas bolivianas que dependen de glaciares tropicales"


 

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A comienzos de Septiembre se desarrolló el “II Encuentro Internacional sobre Cambio Climático y Retroceso de Glaciares” de los Parques Nacionales Andinos Lauca – Chile, Vilacota – Perú y Sajama – Bolivia en este último tuvo lugar dicho evento, los participantes trabajaron en mesas enfocadas a diferentes temáticas y, redactaron una Declaración ...... Leer Mas


 
 
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Problemática de los glaciares del Sajama

 

En países andinos como Bolivia, Perú y Ecuador, los glaciares son los mayores reservorios de agua naturales, regulando el flujo de agua durante el año y proveyendo agua durante la época seca. En la región semiárida (350 mm/año), en la que se encuentra el Parque Nacional Sajama, los glaciares representan la mayor fuente de agua para las actividades agropecuarias. El cambio climático representa una nueva amenaza para la agricultura sostenible en los Andes.

Tendencias, previsiones y análisis de escenarios (Urrutia y Vuille , 2009; Seth et al., 2010) sugieren que las presiones relacionadas con el clima han aumentado y seguirán aumentando en los Andes debido al cambio climático. Esta situación provoca modificaciones en el uso de la tierra, en los sistemas de producción, en los conocimientos indígenas de ambos sexos, en los mecanismos de adaptación y en las estrategias de subsistencia, debido al incremento de la variación e imprevisibilidad climáticas año tras año. Es probable que la frecuencia de los eventos extremos sea más evidente en grandes altitudes que en zonas bajas, lo cual implica pérdidas distribuidas inequitativamente entre y dentro de las familias con mayor fuerza en los grupos vulnerables.

La producción tradicional y la capacidad de gestión en los Andes se encuentran altamente perturbadas por las nuevas condiciones tanto climáticas como socio-económicas. Un incremento en la población urbana requiere de mayor producción, pero una producción más intensiva no se adapta adecuadamente a un medio ambiente frágil. Con temperaturas más elevadas, el Cambio Climático permite el crecimiento de nuevos cultivos, mostrando signos de adaptación autónoma. No obstante, también afecta a los suelos frágiles, aumenta la presencia de plagas y enfermedades e incrementa el requerimiento de agua (un recurso que es escaso y una fuente de conflictos).

El tamaño de los humedales se está reduciendo (Flores, 2004 ), probablemente debido al sobre-pastoreo y el potencial para convertirse en una opción de adaptación se reduce debido a una gestión inadecuada. Así, de manera general, en las últimas décadas, las comunidades rurales (mujeres, hombres, niños y ancianos) se están enfrentando a condiciones difíciles que modifican sus protocolos de producción y socavan la capacidad de respuesta anticipada de la población para hacer frente a la variabilidad del clima. Las familias (o parte de las mismas) que pierden la capacidad de adaptarse a la variabilidad climática, emigran a las tierras bajas o a las ciudades. Estas acciones amenazan a los bosques tropicales, resultando en deforestación (Carr, 2010 ) y en emisiones de gases de efecto invernadero, y suman problemas a las ciudades. Dado que la migración generalmente involucra a gente joven, activa y principalmente a hombres, la migración temporal también puede poner en peligro la capacidad de recuperación de las comunidades después de las sequías e inundaciones, debido a la falta de mano de obra.

Los glaciares son algunos de los indicadores más visibles e irrefutables del cambio climático. Los glaciares tropicales, como el Sajama, que es el más alto de Bolivia con 6542 msnm., son muy sensibles a cambios climáticos y su respuesta es relativamente rápida. Desde los años 80’s, los glaciares de los Andes Centrales se han ido retrayendo con una tasa acelerada (Kaser et al, 1990; Francou y Ribstein, 1995; Klein et al, 1999). Esta tendencia, que ha sido observada en una escala planetaria, es más intensa en las regiones tropicales que en regiones templadas (Allison y Peterson, 1989; Hastenrath y Kruss, 1992; Brecher y Thompson, 1993).


De acuerdo a varios informes, la población rural más vulnerable de Bolivia ya está sintiendo el impacto del cambio climático en sus vidas. Los agricultores tienen la percepción de que el clima está cambiando, afectando las previsiones de lluvias, disminuyendo la posibilidad de acceder al agua, y aumentando la presencia de pestes y enfermedades a las que no estaban acostumbrados, por lo que es necesario un apoyo urgente en acciones de adaptación.

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